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Welcome to my blog! Sometimes, I write in Spanish, others in English, but basically this is my daily diary of sorts. Los invito a mi blog, que es como un diário de mis eventos y escritos que a veces son en español, y a veces en inglés...

Sunday, May 27, 2012

Juan Carlos Valls presenta la poesía de Gleyvis Coro

(Foto tomada de su página de Facebook)

BREVES PALABRAS PARA DECIR COMO QUIÉN QUERRÍA ESCRIBIR.


Es raro sentir que te gustaría escribir como otro, o tal vez resulte mas entendible decir que otro escribe eso que te ha repiqueteado en la cabeza. Desde hace mucho he querido publicar una muestra de la poeta cubana Gleyvis Coro (Pinar del Río, 1974) a quien conocí hace casi veinte años y de quien siempre he hecho una lectura misteriosa. Conozco a pocos poetas que tengan la destreza de fijarle un destino a cada palabra, el poder de convertir su maltrecha soledad en fortaleza para otros que no tienen ni mapa ni brújula en el arte de domesticar los verdaderos apetitos. Estos poemas tomados de su libro ¨Jaulas¨, 2009 son de lo mejor que he leído en mucho tiempo; nada cuelga; todo está dicho desde una crudeza que aplasta los convencionalismos, rasga , descascara la belleza y elije ser (como si fuera fácil) un filtro de sangre.


Les dejo pues, gracias a la complicidad de Manny López ante una lectura que les prometo sustanciosa, un espacio al que, aun cuando no describa la felicidad,siempre será pertinente volver.


Juan Carlos Valls




Poemas de Gleyvis Coro (Pinar del Río, 1974)
Tomados de “Jaulas”. Editorial Letras Cubanas, 2009


La tolerancia

Similar a los que son los únicos en algo,
soy de las tantas que escriben
poemas en la redonda.
Soy de las tantas que escriben
hasta formar un libro;
de las que buscan un verso aún no podrido,
ni premiado, ni publicado,
pero de indudable valor futuro.
Soy de las que confían
en que su forma de untar
la poesía en la página,
indica cómo se untará la poesía en lo futuro.
Y como trabajo para que las dudas más importantes
sean por el verso eliminadas,
soy de las que se buscan
problemas en todas partes.
Tengo uno de esos matrimonios
donde los dos se toleran,
tengo problemas graves con mis jefes,
problemas que trascienden,
disonancias que la imaginación
antipoética de mis jefes tergiversa
hasta hacerlos parecer como problemas
de corte político,
como peligrosos problemas con el gobierno
que otro gobierno ya hubiera resuelto
con el auxilio dicen-
de una jaula succionadora,
de una manguera expelente
o de una guerra frontal contra la poesía.
Pero presumo y lo presumo porque escribo-
que si el gobierno permite
que tanta poetisa como yo ande suelta,
es porque existen problemas mayores
entre nuestro gobierno
y los restantes gobiernos del mundo.
Y en ese conflicto multilateral,
mil veces superior a todos
nuestros conflictos personales,
la poesía es indispensable.


La forma del tiempo

Todas las tardes, a las siete,
hago que hablo con mi marido.
Hago que le comento cualquier cosa o le pregunto.
Imito con los labios temas
de conversación de las parejas.
Pronuncio frases de amor y me convenzo
de que además de relación hago ejercicios
que fortalecen los músculos de la cara
y me acercan a la grata
letanía del matrimonio.
De modo que la cosa espiritual también funciona.
Y mi marido sonríe cuando me escucha,
aunque no dice nada. Debe ser por mí
que sonríe mientras lee la prensa.
Ante noticias cada vez peores
habría que ser malvado o irónico para sonreír
y mi marido no da muestras
de ninguna de estas dos condiciones.
Tampoco me dice nada cuando me ve desnuda,
aunque piense lo peor no me lo dice.
Esto me ayuda a suponer que me ama.


Sin aferrarse

Porque la madurez varía con el tiempo,
es que su forma exterior no tiene forma
ni señas específicas y allá,
por las tres décadas de vida,
lo que llaman madurez, si tiene forma,
es el rostro sin músculos
de un hombre que nos mira
como el que no le gusta lo que ve
o está buscando cuál frase elegir
para despedirse.
Saga de la conducta de aquel hombre,
la pura madurez, en cambio,
tiene todos los términos a su alcance
y no los utiliza. Algún motivo fuerte
hace tonto al mejor hecho
luego que la madurez lo atrapa,
acaso porque en su forma interior,
cuando la tiene,
la madurez es como el silencio
que inunda la noche miserable
en que un hombre nos abandona
y lo afrontamos con serenidad.

                  Estrecha relación de la grasa con el arte

                  Debajo y alrededor de la fritura
                  castañetea la grasa.
                  Si la miro como poeta
                  encuentro que emite pujos idénticos
                  a la lluvia, siento que es la lluvia
                  vertida en un lago negro.
                  Si la miro como simple criatura,
                  comprendo que son exactas
                  las leyes de su dominio,
                  que no fui buena
                  -incluso como poeta-
                  hasta que dominé el recurso
                  de la medida -y del instante,
                  en que el punto ideal
                  en la fritura se alcanza-
                  y pude incorporarlo al poema
                  como si fuera una astucia
                  solamente literaria.

Poema Político

Este es el poema donde combato
la incapacidad de mi jefe
para comprender la poesía,
más el rechazo de mis jefes anteriores
hacia la poesía de cualquier tipo.
Este es el poema de una política
hacia la poesía que sintetizo
en la figura de mi jefe actual y combato
desde poses muy calmadas
porque a la larga son los jefes
y no por humillarlos en público
van a comprender la poesía.

Donde explico mi brusca transición de un marido a otro

Mi futuro esposo y mi madre se parecen.
Lo lógico sería que mi futuro esposo
fuera como mi padre.
Fue así con mi primer esposo,
pero no tuvimos éxito.
A mi futuro esposo lo elegí
porque nunca me pedirá
que yo sea como mi madre.
A mi primer esposo lo rechacé
porque quería que yo fuera mi madre.
A mi padre no le gusta el blando tono de voz
de mi futuro esposo y obliga a mi madre a decir:
a mí tampoco me gusta.
En realidad mi madre no le da importancia
a los tonos de voz de la gente;
si pudiera pedir algo pediría
un abrazo de cualquiera.
A mi padre no le preocupa
la necesidad de abrazos de mi madre.

                Conflicto

                 Qué diría mi madre de ti
                 si supiera
                 lo de mi nudo contigo,
                 si nos viera pasear como esposos
                 por los márgenes de la provincia.
                 Qué diría, con qué letras
                 o párrafos. De qué dimensiones
                 sería su horror si supiera
                 dónde me muerdes y cómo
                 o cómo dejo que me muerdas
                 allí -con qué gusto-
                 donde sería un espanto
                 -según ella-,
                 que mirases de reojo.
                 Qué diría cuando el puente
                 de tu nariz se hunde
                 y yo te abrazo.
                 Qué tipo de mueca emitiría
                 si notase cuánto
                 evolucionó la forma
                 de intimar de los cuerpos
                 iguales al suyo.
                 Pensar en tales cosas
                 echada sobre el matorral,
                 contigo encima,
                 me pone triste por un lado
                 y me hace feliz por otro.


                         Coitoral

                         Relamo tan a presto la corola
                         que el lomo lapislázuli maldice
                         non ser corola en vez del infelice
                         que mira cómo lamo la corola.
                         Luenga la lengua poso e firme cuando
                         adentro el paladar olea la brújula
                         que ayer gozó nel uso de la esdrújula
                         e agora en la lamida, tan callando.
                         Rabia con labio líganse nel dolo
                         e desque tanto enlazan con su apego
                         non queda naide lúgubre nin solo
                         nin naide se ha quejado deste juego
                         e todo aquel que ansí experimentolo
                         ladinos tralalás pronuncia luego.


                         Soneto del amor conyugal

                         Tiene forma de fósforo tu falo,
                         de varilla naíf, de zona yerma,
                         que con la facha fúnebre y enferma
                         parece un fresco fiel de Frida Kahlo.
                         Objeto de la mofa por la fama
                         que le dieron fogosos fingidores,
                         a los falos medianos y menores,
                         de ser fraudes en flor, ya no lo inflama
                         la efervescencia de lo femenino
                         ni el fuego afrodisíaco al monigote.
                         De tu pene terrible, me imagino,
                         surja un falo mejor cuando le frote,
                         o muerda su antifaz de vellocino
                         frente a la fuelle furia de mi escote.


                El amor propio

               Pobre de quien perdió la cuenta
               de las veces que lo abandonaron
               y ahora sólo le pesa lo vago
                   - la huella inexacta-
               de aquel error sin número
               que no dejó de doler u ocurrir
               porque lo dejara de contar.
               Dichoso el que conservó su elegancia,
               manejó sin titubeos la nave de la vida
               y ahora nada le pesa,
               sino que lo cuenta,
               con impetuoso entusiasmo,
               al círculo de sus parientes.
              Yo no fui como ellos.
              Me abandonaron y abandoné
              en proporciones idénticas.
              Choqué contra otras naves
              la nave de la vida,
              y si el daño no fue recíproco
              y me hirieron más, no me quejo,
              porque todo lo que me pegó con saña,
              le hizo bien a mi poesía.

                             Viento en popa

   
                          Robustos mi amor y nacionalidad,
                              enardecida por el olor
                              de las guayabas y las piñas gigantes,
                              los mangos y el estrépito de los toros
                              de monta cuando se bajan de su hembra,
                              no le noto los defectos al país,
                              ni a la cámara de gobierno
                              ni hallo mal la lozanía de mis adversarios.
                              Alrededor tengo a mis hijos que eructan
                              y se acarician las panzas mirándome
                              y a mi esposo que también eructa
                              con los pensamientos no sé dónde
                              y los problemas lógicos de un hombre de su edad,
                              a pesar de los cuales
                              me hace el amor constantemente.
 
 
            Roles análogos

           Tan varón como un caudillo,
           gobierna mi madre en la cocina
           oval de nuestra casa.
           Fuera de los libros gruesos,
           yo nunca he visto
           a un general en vivo,
           ni a un presidente,
           ni sé cómo funcionan
           los poderes del Estado.
           Mi idea del gobierno
           se basa en la gestión
          de gobierno de mi madre,
          y en el funcionamiento
           de la familia.   
          La traidora

          Nueve muchachas de Jerusalén
          tocaban la cítara en el jarrón
          que me lanzaste ayer, esposo mío,
          causándome una graciosa herida
          con forma de cítara precisamente,
          y a las muchachas de Jerusalén
          fracturas disímiles de brazos y piernas.
          Acto que se puso enseguida en contra
          de ti mismo y las bellas
          artesanías que coleccionas; pues si a mí,
          que adoro la cerámica y la música,
          poco me importó lo del búcaro,
          a mi amante menos.

 
 
 
 
                  Yo quiero, aquí en mi cama, a un negro prieto

                  Yo quiero un negro prieto aquí en mi cama,
                  un negro semental de falo erguido,
                  que habite sutilmente en mi marido
                  y diga, allá en su oreja, que me ama.
                  Yo quiero un negro sucio de vehemencia
                  que imponga su razón donde mi esposo
                  permuta la ternura por el gozo
                  de ser quien goza más. Quiero la esencia
                  de un otro que haga dos menos ridículos
                  y en triada de acusable testimonio
                  licúe, con sus múltiples vehículos,
                  la flema de mi esposo en el demonio
                  de un negro de pulsátiles testículos
                  que salve de una vez mi matrimonio.







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